sábado, 7 de junio de 2014

El depredador débil



En la árida intersección entre seguridad informática, desarrollo y agile, esta entrada tiene su on-topic por seguridad y un poquito por las partes blandas de agile. El tema es "ingeniería social", que es básicamente "the art of human hacking".

A raiz de unas actividades laborales de capacitación que me hicieron moverme por lugares distintos a los que concurro habitualmente, tuve que pasar cuatro días seguidos por una misma esquina. Aunque la caridad no es lo mío, soy levemente solidario, así que cuando veo un ciego por la calle, más en una esquina, presto atención a brindarle alguna colaboración.

El muchacho que ví en esta ocasión, cuya ceguera no pondré en tela de juicio, estaba en posición de cruzar la calle cuando reparé en él, a una veintena de metros. Sin embargo, como que estaba a unos treinta centímetros de mi "lugar de activación", me desvié un poco y lo olvidé.

El día siguiente, a la misma hora, estaba en el mismo lugar, pero agachado revolviendo algo en su mochila. Crucé como antes pero ya me había llamado la atención, así que cada pocos metros lo miré mientras me alejaba. Se incorporó y al poco, aparentemente una persona le ofreció cruzar, no tengo el audio. Cuando volví a mirar no estaban cruzando y la persona estaba urgando en su bolso.

Al día siguiente, aminoré la marcha todo lo que pude y puede presenciar toda la operación. Se acercó una persona a ayudarle y terminó comprando unos pañuelitos.

Brillante.

Ahora podría poner "Dick Wolf" y dejar de escribir, pero a veces me queda la duda acerca de quien ganó el juicio y no quiero que te quedés con esa sensación.


Estaba asistiendo a como este muy hábil depredador, saca el máximo provecho de su extrema debilidad, probablemente sin siquiera humillarse. No es una persona vendiendo algo o pidiendo limosna, es una persona tendiendo una hábil trampa.


En cierto modo, a una escala moral totalmente diferente, se parece a la estafa nigeriana[1]. ¿Sabés por qué dice Nigeria? Por que cualquier persona con dos dedos de frente se da cuenta de que es una estafa. Está dirigida a personas ambiciosas que tienen menos de dos dedos de frente.

En este caso la "victima" ya está condenada por ser solidaria, pues se ha acercado a ayudar. "¿Le ayudo a cruzar? No, gracias, pero podría ayudarme comprándome unos pañuelitos". Pum, directo, no hay defensa. Lo mandás a cagar o le comprás los pañuelitos. Me atrevería a afirmar que incluso si tenés más de dos dedos de frente, como la inmensa mayoría de la población tiene, es más probable que ni siquiera te des cuenta de que caiste en una trampa.


Me encantaría ir a preguntarle si se le ocurrió a él solito o es una técnica que alguien le pasó. De ser el segundo caso, supongo que en poco tiempo se verá (pun intended) aplicada con más frecuencia.

El objetivo de esta entrada no es condenar a ese ciego, todo lo contrario, lo considero un genio. Si alguien lo ha visto tambien, por favor no ponga en los comentarios dónde. El objetivo es mostrar como pueden ser manipulados los más nobles mecanismos sociales para extraer algún provecho. Está en vos mirar a tu alrededor y ver como alguien puede aprovecharse de tu profesionalidad o del resto.

Sea trampa o no, sea ciego o no, no me interesa revelarlo. Para criminales sobran los que se aprovechan no sólo de los que están un poco mejor sino de los que están peor y que lo hacen sobre millones de víctimas.


[1] http://www.informit.com/articles/article.aspx?p=25269